Azores    Madeira   Canarias   Cabo Verde   Marruecos

 

El término Macaronesia que literalmente significa islas afortunadas (del griego macarion=isla y nesoi=fortuna) fue acuñado en 1845 por P.B. Webb  para referirse a las Islas Canarias –las Insulae Fortunate de los romanos— y utilizado por Engler, en 1879, para designar a la unidad biogeográfica integrada por los archipiélagos de Azores, Madeira y Canarias. Con posterioridad se incluyó también Cabo Verde, primero por Chevalier (1935) en su flora del archipiélago y después por Dansereau (1961), Takhtajan (1969) y  Bramwell  (1976), entre otros. A finales de los años setenta, Sunding (1979) englobó en esta región biogeográfica la franja de la costa noroeste africana que va desde Agadir en Marruecos a Nouadhibou en Mauritania, así como los valles y “uadis” —cauces secos o estacionales de los ríos— de la cadena montañosa del Anti-Atlas.

Desde el punto de vista florístico, esta región se sitúa en un amplio rango latitudinal, que va desde los 40º N de Corvo en Azores a los 14º N de Fogo en Cabo Verde, y presenta una marcada transición desde las afinidades eurosiberiano-atlánticas de Azores a las saharo-sudánicas de Cabo Verde, pasando por las mediterráneas de Madeira, Canarias y el noroeste africano. Así las cosas, Kunkel (1993) clasificó la región en tres zonas: Macaronesia Central (Canarias y Madeira), Lauro-Macaronesia (Macaronesia Central junto a Azores y parte sur-occidental de la Península Ibérica) y Gran Macaronesia (Lauro-Macaronesia, archipiélago de Cabo Verde y costa noroccidental africana).

 

 

 

A la hora de determinar las sucesivas circunscripciones de Macaronesia que se considera sobre todo una región fitogeográfica, se ha puesto especial énfasis en la flora endémica de plantas vasculares cuyos elementos constituyen una parte sustancial del total de la misma: el 44.3% en Canarias, el 34,0% en Azores, el 29,4% en Cabo Verde y el 14,9% en Madeira (Whittaker & Fernández-Palacios 2007) y se ha prestado una escasa, por no decir nula atención, a la biota de criptógamas. Sólo recientemente (Vanderpoorten et al. 2007) se ha reexaminado el concepto de Macaronesia a la luz de los datos proporcionados por la flora de briófitos (musgos y hepáticas) y pteridófitos para  concluir de un modo general que esta región, entendida en un sentido amplio --asimilable a la Gran Macaronesia de Kunkel--, no es una entidad monofilética, pues las afinidades de Cabo Verde lo son con el África subsahariana, Sudáfrica e Islas Mascareñas y no con el resto de los territorios situados más al norte. El análisis concreto de afinidades de las floras de hepáticas y pteridófitos parece no rechazar una relación Azores-Madeira-Canarias (Lauro-Macaronesia), mientras que el de los musgos establece una doble relación: por un lado, entre Azores y Madeira y, por otro, entre Canarias y el norte de África, lo que no encuentra acomodo en la clasificación de Kunkel más arriba mencionada.

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